Mujeres, ambición y liderazgo en la industria gastronómica
En la gastronomía existe una paradoja que pocas veces se dice en voz alta.
Las mujeres han estado en la cocina desde siempre. En México, durante generaciones, han sido quienes sostienen la tradición culinaria, quienes heredan las recetas, quienes alimentan comunidades enteras. Sin embargo, cuando miramos los espacios donde se define el prestigio de la industria (los restaurantes reconocidos, los rankings internacionales, las cocinas que aparecen en guías como Michelin) la presencia femenina disminuye de forma drástica.
La pregunta entonces no es si las mujeres cocinan.
La pregunta es: ¿por qué tantas se quedan fuera del reconocimiento, del liderazgo o del crecimiento empresarial?
Y la respuesta empieza mucho antes de entrar a una cocina profesional.

México: cuando el liderazgo femenino existe, pero en la informalidad
Basta caminar por cualquier mercado en México para verlo: mujeres liderando cocinas, coordinando equipos, alimentando comunidades enteras desde fondas y puestos que abren todos los días antes del amanecer.
Pero cuando el foco se mueve hacia los restaurantes más reconocidos del país (los que aparecen en rankings, premios o guías gastronómicas) la presencia femenina disminuye drásticamente.
La pregunta entonces es inevitable: ¿dónde se rompe ese camino?
En México, miles de negocios de comida están liderados por mujeres. Pero la mayoría lo hacen desde la informalidad.
Fonditas, cocinas económicas, puestos de comida, venta desde casa. Espacios donde el talento culinario existe, pero donde también suelen faltar acceso a crédito, educación financiera, estructura empresarial o redes de apoyo.
Según datos de Data México, cerca del 79.5% de las personas que venden comida en espacios informales son mujeres. Esto revela algo poderoso: el emprendimiento gastronómico femenino sí existe, y en gran escala.
Pero también revela otra realidad: muchos de estos negocios nacen con talento, pero sin las herramientas para escalar.
De hecho, algo que observamos claramente en el Industry Report 2025 de Parrot, basado en datos operativos de restaurantes en México, es que los negocios que logran alcanzar rentabilidad en menos de dos años tienen algo en común: operan con sistemas, usan tecnología y piensan su restaurante como una empresa desde el primer día. Esa estructura les permite controlar costos, entender sus márgenes y tomar decisiones que los llevan a formalizarse, crecer y eventualmente expandirse.
En contraste, los negocios que operan en la informalidad suelen quedar atrapados en la operación diaria. El talento culinario está ahí, pero la falta de herramientas de gestión hace que gran parte de la energía se vaya en sobrevivir el día a día. Y por eso, en muy pocas historias vemos que esos proyectos logren escalar, abrir nuevas sucursales o convertirse en empresas formales.
El problema no es la capacidad de las mujeres para liderar negocios gastronómicos.
El problema es el acceso a las herramientas que permiten que ese liderazgo crezca.
Acceso a financiamiento, a formación empresarial, a mentoría, a redes profesionales que permitan que ese talento no solo sobreviva, sino que crezca.
Y ese acceso empieza desde mucho antes: desde cómo se educa a las niñas.
Porque durante décadas, a muchas mujeres se les enseñó a cocinar, pero no necesariamente a pensar la cocina como un negocio, como una carrera o como una ambición legítima de liderazgo.

La brecha no empieza en las escuelas
Si miramos la formación gastronómica en México, ocurre algo interesante: las mujeres sí se están preparando para liderar la industria.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Turismo de México (SECTUR), el país cuenta con aproximadamente 120,000 estudiantes en carreras relacionadas con turismo y gastronomía, y cerca del 60% de ellos son mujeres.
Esto significa que miles de jóvenes están entrando a escuelas culinarias con la intención de construir una carrera profesional dentro de la gastronomía.
Los datos institucionales confirman la tendencia. Según Data México, varias de las principales escuelas culinarias del país muestran una matrícula femenina igual o mayor que la masculina.
Por ejemplo:
- Centro de Estudios en Artes Culinarias y Enología: 62% mujeres, 38% hombres
- Escuela Culinaria Internacional: 54% mujeres, 46% hombres
- Colegio Superior de Gastronomía: 54% mujeres, 46% hombres
- Instituto Culinario de México: 52.9% mujeres, 47.1% hombres
(Secretaría de Economía)
Es decir, la brecha no empieza en la preparación.
Las mujeres están estudiando gastronomía, entrando a escuelas culinarias y desarrollando habilidades técnicas al mismo nivel que los hombres.
Sin embargo, cuando esas mismas generaciones entran a la industria profesional, algo cambia.
En algún punto entre la escuela, la cocina profesional y el liderazgo, el camino empieza a estrecharse.
Si las mujeres se están preparando para liderar la industria gastronómica, entonces la pregunta ya no es si tienen talento.
La pregunta es: ¿qué pasa cuando entran a la cocina profesional?

El techo de cristal de las cocinas profesionales
Si miramos el panorama global, la desigualdad no desaparece cuando una mujer entra a la industria formal.
De hecho, se vuelve más visible.
A nivel mundial, las mujeres representan aproximadamente el 50% de la fuerza laboral en restaurantes, pero solo 21.6% de chefs o jefes de cocina son mujeres.
Es decir: trabajan en el sector, pero pocas llegan a liderarlo.
Las razones son múltiples.
Cocinas profesionales con culturas históricamente masculinas. Jornadas laborales que chocan con expectativas sociales sobre la vida personal de las mujeres. Falta de mentoría y referentes femeninos en posiciones de liderazgo.
Pero también algo más sutil: la falta de modelos visibles que demuestren que sí es posible.
Cuando una mujer entra a una cocina donde todos los chefs que admira son hombres, el mensaje implícito es claro: ese lugar no fue diseñado pensando en ti.
Por eso los referentes importan tanto.
Porque cada chef mujer que llega a liderar una cocina no solo dirige un restaurante. También amplía el imaginario de lo que es posible para quienes vienen detrás.
La élite gastronómica: ¿la excelencia se mide igual para todos?
La desigualdad se vuelve aún más evidente cuando se observan los espacios de reconocimiento internacional.
En el mundo, solo alrededor del 6% de los restaurantes con estrella Michelin o presentes en listas como The World’s 50 Best Restaurants están liderados por mujeres.
Ese dato obliga a hacerse preguntas incómodas.
¿La excelencia gastronómica se mide de la misma forma para todos?
¿Las mujeres tienen el mismo acceso a visibilidad, relaciones públicas y posicionamiento mediático?
Muchas chefs han señalado algo interesante: el talento no siempre es el único factor que determina el reconocimiento.
También influyen la visibilidad, las redes profesionales, la inversión en relaciones públicas y la capacidad de posicionarse mediáticamente.
Y ahí aparece otra brecha.
Durante décadas, la alta cocina profesional se construyó sobre brigadas y redes históricamente masculinas. Chefs que formaban a otros chefs. Restaurantes que abrían oportunidades dentro de círculos muy específicos. Mentores que impulsaban carreras dentro de sus propias redes.
Cuando esos espacios están dominados por hombres, las oportunidades también tienden a circular dentro de esos mismos círculos.
La falta de mentoría estructurada y redes profesionales accesibles es uno de los factores que muchas chefs señalan como una barrera silenciosa en la industria.
Porque en gastronomía, como en muchas otras industrias creativas, el crecimiento rara vez ocurre en aislamiento.
Se construye con referentes, comunidades y personas que abren puertas.
A esto se suma otro fenómeno menos visible: el peso de la narrativa pública del chef.
Durante años, la figura del “chef estrella” se construyó alrededor de ciertos arquetipos: liderazgo duro, personalidad dominante, largas jornadas de cocina heroica. Un modelo que históricamente se asoció más con figuras masculinas.
Las mujeres que entran a ese sistema muchas veces no solo tienen que demostrar excelencia culinaria.
También tienen que navegar expectativas culturales, liderar equipos en ambientes exigentes y, al mismo tiempo, construir visibilidad en una industria donde la narrativa mediática sigue siendo desigual.
La excelencia puede estar ahí.
Pero no siempre tiene el mismo micrófono.
Por qué las nuevas generaciones necesitan más comunidad
Si algo empieza a cambiar hoy en la gastronomía global es la conversación alrededor de mentoría, formación y comunidad.
Cada vez más chefs hablan abiertamente sobre la importancia de tener referentes y redes de apoyo que permitan que más talento llegue a posiciones de liderazgo.
Porque el talento no surge en el vacío.
Se forma, se acompaña y se impulsa.
Por eso también es tan importante crear espacios donde nuevas generaciones, especialmente mujeres, puedan pensar la gastronomía no sólo como un oficio, sino como una empresa, una carrera profesional y una plataforma de liderazgo.
Programas de formación, comunidades de restauranteros y redes de mentoría están empezando a jugar un papel clave en ese cambio.
En Parrot, por ejemplo, estamos explorando esta conversación a través de iniciativas como EARLY, un programa pensado para jóvenes que están dando sus primeros pasos en la industria restaurantera y que necesitan algo más que inspiración: necesitan comunidad, herramientas y referentes cercanos.
Porque si algo está claro en la gastronomía es que nadie construye un restaurante, ni una carrera, completamente solo.
Lo que empieza a cambiar
Afortunadamente, la conversación dentro de la industria también está cambiando.
Cada vez hay más mujeres que no solo están entrando a la gastronomía profesional, sino que también están construyendo sus propios espacios, liderando equipos y redefiniendo lo que significa crecer dentro de esta industria.
Un ejemplo es Romina Argüelles, sommelier y socia de Plonk, cuya historia compartimos en el podcast Nada es al Dente. En el episodio, Romina habla con honestidad de algo que rara vez aparece en los discursos públicos de la gastronomía: el lado emocional de emprender.
Las dudas, los clientes difíciles, la paciencia que exige construir un proyecto y el reto adicional de abrirse camino en una industria donde muchas veces las mujeres tienen que demostrar más para ser tomadas en serio.
Pero también habla de evolución. De cómo pasó de trabajar en la selva chiapaneca a formar parte de un proyecto reconocido con Bib Gourmand en la Guía Michelin, y a ser reconocida como Mejor Sommelier del Año.
Historias como la suya muestran que el talento femenino en la industria no es una excepción. Simplemente, durante mucho tiempo ha tenido menos espacios para ser visible.
Algo similar ocurre con Ángela Sosa, fundadora de Qué Sería de Mí y Motín, dos proyectos que llevan más de quince años formando parte de la escena de desayunos y brunch en la Ciudad de México.
En su conversación en Nada es al Dente, Ángela cuenta cómo pasó de no encontrar oportunidades dentro de la industria a crear sus propios espacios. Restaurantes donde no solo construyó comunidad alrededor de la mesa, sino también equipos sólidos que han sobrevivido momentos complejos (incluyendo la pandemia) sin perder el proyecto ni a su gente.
Su historia también habla de liderazgo desde otro lugar: uno donde la empatía, la construcción de equipo y la visión de largo plazo pesan tanto como la cocina misma.
Y eso es exactamente lo que hacen los referentes.
No solo demuestran que es posible construir una carrera en gastronomía.
También muestran que hay muchas formas de ejercer el liderazgo dentro de esta industria.

La importancia de los referentes
Cuando una mujer logra posicionarse en la industria gastronómica, no solo construye su propia trayectoria. También se convierte en un ejemplo.
Un recordatorio de que el liderazgo femenino en la gastronomía no es una excepción, sino una posibilidad real.
Las nuevas generaciones necesitan ver más de estas historias.
Necesitan ver mujeres que lideran cocinas, que crean conceptos gastronómicos, que dirigen grupos restauranteros, que construyen marcas, que ganan premios.
No porque la representación sea simbólica, sino porque los referentes cambian profundamente lo que las personas creen posible para sí mismas.
Cuando una joven entra a una escuela de gastronomía y ve chefs mujeres liderando restaurantes, participando en congresos culinarios, apareciendo en guías internacionales o hablando con seguridad sobre su negocio, el mensaje cambia.
Deja de ser una aspiración abstracta.
Se vuelve un camino real.
Los referentes cumplen una función silenciosa pero poderosa: expanden el mapa mental de lo posible.
En industrias donde históricamente el liderazgo ha sido masculino, la ausencia de modelos femeninos no solo limita la visibilidad. También limita la imaginación.
Porque si nunca has visto a alguien como tú ocupar cierto espacio, es mucho más difícil imaginarte ahí.
Por eso cada chef mujer que abre un restaurante, que lidera una cocina, que forma brigadas o que construye un grupo gastronómico está haciendo algo más que dirigir un negocio.
Está ampliando las posibilidades de toda una generación.
También está cambiando la forma en que se ejerce el liderazgo dentro de la industria.
Cada vez más mujeres están redefiniendo lo que significa dirigir una cocina: construyendo equipos más colaborativos, poniendo atención a la cultura de trabajo, priorizando el bienestar del equipo sin sacrificar excelencia culinaria.
Ese cambio también importa.
Porque durante mucho tiempo el liderazgo en gastronomía se construyó alrededor de la figura del chef autoritario, del ritmo implacable de las brigadas y de una cultura que muchas veces normalizaba el desgaste extremo.
Las nuevas generaciones (hombres y mujeres) están empezando a cuestionar ese modelo.
Y en ese proceso, las mujeres están aportando nuevas formas de liderazgo que están transformando gradualmente la cultura de las cocinas profesionales.
Pero para que ese cambio continúe, la visibilidad importa.
Las historias importan.
Las conversaciones importan.
Cada vez que una chef comparte su trayectoria, cada vez que una sommelier habla de su camino profesional, cada vez que una restaurantera cuenta cómo construyó su negocio, está haciendo algo más que contar su historia.
Está dejando una señal para quienes vienen detrás.
Una señal que dice: sí se puede llegar ahí.
Y en una industria tan exigente como la gastronomía, a veces esa señal puede ser el impulso que alguien necesita para no abandonar el camino.

Abrir conversación, abrir oportunidades
La industria gastronómica está viviendo una transformación profunda: Nuevos modelos de negocio, nuevas tecnologías, nuevas generaciones de restauranteros. Pero también una oportunidad cultural.
La oportunidad de preguntarnos qué tipo de industria queremos construir hacia el futuro.
Una donde el talento tenga más caminos para crecer, donde el liderazgo no tenga género y donde las niñas que hoy aprenden a cocinar también aprendan a pensar la cocina como una carrera, una empresa y una forma de liderazgo.
Porque los datos nos muestran algo claro: el talento femenino ya está ahí. Está en las cocinas de los mercados, en las escuelas de gastronomía, en las brigadas de restaurantes y en las nuevas generaciones que están entrando a la industria.
Lo que aún falta es seguir abriendo caminos para que ese talento pueda crecer con las mismas oportunidades, visibilidad y apoyo.
Porque al final, la cocina siempre ha sido un espacio de creación.
Y la industria gastronómica solo puede volverse más valiosa (en todos los sentidos) cuando más voces tienen la oportunidad de formar parte de ella.
Y cuando más historias encuentran un lugar para ser contadas.

Sigamos abriendo espacio a más restauranteras
En Parrot creemos que la industria gastronómica crece cuando existen más espacios para compartir historias, aprender en comunidad y amplificar las voces de quienes están construyendo restaurantes todos los días.
Especialmente las de las restauranteras que están liderando equipos, creando conceptos gastronómicos, construyendo marcas y enfrentando los retos reales de esta industria.
Por eso buscamos crear plataformas donde estas historias puedan contarse y llegar a más personas dentro del ecosistema gastronómico.
A través de espacios como Nada es al Dente, nuestro podcast donde conversamos con restauranteros y restauranteras sobre el lado real de emprender en gastronomía; Platos & Pantallas, nuestra serie documental que muestra cómo operan y crecen los restaurantes desde adentro; nuestro newsletter para la industria restaurantera, donde compartimos aprendizajes, datos e historias del sector y muchos más.
Uno de esos espacios es EARLY, un programa que creamos pensando en nuevas generaciones que están dando sus primeros pasos en la industria restaurantera.
EARLY busca hacer que la tecnología para operar un restaurante sea más accesible desde el inicio, pero también crear algo igual de importante: comunidad. A través del programa que dura 1 año; organizamos talleres, charlas y espacios de conversación entre restauranteros, donde quienes están construyendo sus primeros proyectos pueden aprender de otros, compartir experiencias y adquirir herramientas que les permitan tomar mejores decisiones desde el principio.
La idea es simple: cuando tienes acceso a tecnología, conocimiento y una red de apoyo, es mucho más probable que tu restaurante crezca más rápido y con bases más sólidas.
Porque creemos que cuando una restaurantera comparte su historia, no solo está contando su camino.
También está abriendo camino para alguien más.
Si eres una mujer que está construyendo un proyecto gastronómico (formal o informal) y te gustaría contar tu historia, conectar con otros restauranteros y seguir creciendo dentro de la industria, nos encantará escucharte.
Puedes escribirnos en instagram.com/parrotsoftware.
Sigamos construyendo comunidad alrededor de la mesa.

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